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Extremadamente precoz, a finales de los años cincuenta Enrique Brinkmann (Málaga, 1938), lector de Dostoiewski y Kafka, ya había realizado varias individuales en su ciudad natal, donde en 1957 había participado en la fundación del Grupo Picasso, colaborando además con ilustraciones en la revista de poesía Caracola. Su estilo, por aquel entonces, era una figuración melancólica y grave, en las que se encuentran huellas del informalismo.

Los años sesenta, durante parte de los cuales residió en Alemania e Italia, fueron años muy importantes para Brinkmann, que explora entonces, en el quicio abstracción-figuración, regiones sombrías. En el campo del dibujo, surgen sus Sacatrapos, objeto en 1962 de una “plaquette” malagueña editada por Ángel Caffarena, y con prólogo de camilo José Cela. Sin solución de continuidad, llegamos así a la década del setenta, y a sus primeras obras maestras. Por aquel entonces –época de sus bellísimos grabados para el Conde de Villamediana, de sus homenajes a Lovecraft o Georges Bataille, de sus varios Personajes en descomposición-, el malagueño se ha convertido en una de las voces más significativas de nuestro realismo fantástico.

Progresivamente, Brinkman, a caballo entre Málaga y Madrid, fue luego ascendiendo hacia regiones más luminosas, algo que puede comprobarse contemplando tanto sus cuadros, como sus grabados más recientes. Si en principio ese proceso todavía era compatible con ciertas reminiscencias figurativas, luego el pintor se decantó por una abstracción despojada y silente, de caligrafías, puntos diseminados, secuencias y tramas. Especialmente memorables son sus cuadros con rejilla metálica, de una extraordinaria transparencia, y en los cuales compatibiliza rigor y sutileza, ortogonalidad y lirismo.

El Bosco, Goya, Zurbarán, Sánchez Cotán, Vermeer, Rembrandt, Klee, Morando, Reverón, Michaux, Dubuffet, Zoran Music, Wols, Tàpies, Millares, Twombly, Robert Ryman, son algunos de los pintores que Brinkmann ha citado, cuando se le ha preguntado por sus “faros”. Si los dos primeros nombres tienen que ver con su poética de hace unos años –en 1977 Antonio López García lo calificaba pertinentemente de “un Bosco contemporáneo”-, hoy está claro que tiende a sentirse más identificado con quienes trabajan en lo blanco, hacia la luz.

 

 

MMX-6. Aguafuerte, aguatinta, azucar 2 planchas de cobre, 50×66 cm. 2 colores Papel Arches (270gr/m2) 75×85 cm. Tirada 30+3 CH. Editado por el Grafos Verlag GmbH.

 

MMX-8. Aguafuerte, aguatinta, azucar 1 plancha de cobre, 50×66 cm. 1 color, chine-colle Papel Arches (270gr/m2) 75×85 cm. Tirada 30+3 CH. Editado por el autor.

MMX-7. Aguafuerte, aguatinta, azucar 2 planchas de cobre, 50×66 cm. 2 colores Papel Arches (270gr/m2) 75×85 cm. Tirada 30+3 CH. Editado por el autor.

MMX – 12. Aguatinta, azúcar 1 plancha de cobre 45X60 cm 1 color, chine-colle Papel Arches (270gr/m2) 63X81 cm. Tirada 30 + 3 HC. Editado por el autor

MMX-1. Aguatinta, azúcar 1 plancha de cobre 60X80 cm. 1 color Papel Arches(270gr/m2) 75X107 cm Tirada 30 + 3 HC. Editado por Grafos Verlag GmbH.

MMX – 11. Aguafuerte, aguatinta, azúcar 1 plancha de cobre 45X60 cm. 1 color, chine-colle Papel Arches (270gr/m2) 63X81 cm. Tirada 30 + 3 HC. Editado por el autor